Y es que todo el mundo mata lo que ama. El cobarde con un beso, el valiente con una espada.
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lunes, 28 de octubre de 2013

Il mistero della vita



4:06 minutos es lo único que queda de una amistad de miles de años bajo las estrellas. 

4:06 minutos de un video abandonado en youtube; un barco que naufragó antes de zarpar.

Todo ahora se resume a eso. A tu orgullo y el mío, a nuestra lucha de egos que fue más allá de lo que podíamos controlar. 

¿Dónde estás?

Anoche encontré nuestro barco a la orilla del mar; en una playa abandonada, en donde los sueños y el amor están olvidados en la arena. 

¿Recuerdas ese día?

Llovían palabras como proyectiles que caían del cielo. 

Lanzaste la bomba, salí corriendo por más armas y te disparé durante 4:06 minutos continuos sin pensar.

Ha pasado tanto tiempo desde esa tarde de discusiones sin sentido y a veces todavía maldigo el momento en el que se me ocurrió escribir algo para tu música. Y es que creía tanto en ti y en mi… en nuestros sueños.

¿Dónde estás?

4:06 minutos de ego enfrascado en una pantalla.

4:06 minutos de ti, de mi, del fracaso más grande que el mundo ha visto en su historia. 

4:06 minutos del misterio de la vida sin un significado. 

4:06 minutos de una amistad rota, de una vida sin recuerdos, sin retorno…


4 minutos y 6 segundos de nada más que silencio.

sábado, 24 de septiembre de 2011


UNO es como una lámpara de aceite…


UNO es la presa del mundo



el mundo ya no existe


está en sus sueños.




domingo, 21 de noviembre de 2010

Nadie conoce el olor de su propia muerte



Otra vez hay sangre en el colchón.

Fuiste la última persona que la vio con vida. Tú y los focos de luz blanca en el techo que tanto laceraron sus retinas.

Se te empañaron los lentes por las lágrimas y no pudiste leer el diagnóstico que la llevó a la tumba.

Todos dejamos de respirar durante un minuto y perdiste la razón. La recostaron sobre una cama de acero, la taparon con una sábana blanca, no sin antes exhibir su cuerpo ante mil estudiantes de medicina.

“La muerte en casa es llorar antes del desayuno.”

Una desconocida con la muerte tatuada en el rostro se acerca, me toma la mano, me extiende un pañuelo, y mientras yo suplico que no siga, me dice que todo va a estar bien.

Le escupo a la cara.

[Haz que pare.]

Odio el sabor de mi sangre.

Hay barniz de uñas derramado sobre la alfombra de la habitación. Los focos de luz blanca me irritan los ojos.

Me metieron a dios a punta de chingadazos, y ahora dios no pasa ni con un trago de vodka.

Me recuestan sobre una cama de acero, me tapan con una sábana blanca, no sin ates exhibir mi cuerpo ante, por lo menos, una estudiante de medicina.

Mi piel se quema y parte de mi se vuelve ceniza… Una cicatriz blanca que arde y llora a cada paso.

...

La antesala del infierno huele a cadáveres quemados.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Imaginé lo triste que estaría ella a un minuto de su muerte


Perdió más de cinco kilos en una semana después de la noticia, se salió de sus clases de ballet.

No asistió a la escuela nunca más y no salía de su casa más que para ir al panteón a dejar gardenias en su tumba todos los días a las cinco de la tarde.

Dejó de ir a fiestas, reuniones y comidas familiares, de tomar café con sus amigas todos los jueves a medio día.

Su cabello creció hasta que comenzó a caérsele. Se comió las uñas hasta que sólo le quedó la carne de los dedos.

Dejó de alimentar a los peces. Murieron uno por uno, y un atole verde se formó en la pecera.

Un día se levantó y notó que el sol se colaba por la pequeña ventana sin cortina, de la habitación. Recordó que él llevaba años muerto.

Sus amigos habían acabado cada uno de estudiar la universidad, trabajaban y muchos de ellos ya hasta tenían hijos.

Su madre y su padre llevaban años internados en un asilo. Ella aún usaba la misma ropa que llevaba cuando recibió la llamada a las tres de la mañana.

Se había convertido en un esqueleto sin uñas, de cabellos largos y escasos.

Ese día, todo se congeló en el tiempo. El agua dejó de correr en las alcantarillas y las ratas se ahogaron.

Recordó lo feliz que había sido a su lado, dejó de respirar, y estalló la tercera guerra mundial.

domingo, 15 de agosto de 2010

The path to home is long and winding

¿Te acuerdas de aquellos días en los que solíamos sentarnos frente al televisor a reír por horas?

¿De cuando me tomabas de la mano y me enseñabas todo lo que sabías? Mirabas hacia arriba y hablabas por días, yo, sólo escuchaba.

¿Recuerdas esos días en los que lo único que importaba era llegar a casa, pedir una pizza y sentarnos en el sillón a jugar cartas, domino, ajedrez…? Sigo sin entender ese estúpido juego…

Cuando empujabas el acelerador lo más que podías y cantabas al ritmo del cambio de velocidades. Siempre quise aprender las canciones; la última vez que escuché una, los recuerdos se me hicieron nudos en la garganta.

Recuerdo que tuve la misma sensación después de ir a aquel museo en donde el único que entendía lo que pasaba eras tú y aquella mujer gorda que nos mostró el cadáver de ese hombre que tuvo la fortuna de acabar exhibiendo sus vísceras ante miles de universitarios, y unos cuantos morbosos. Después dijiste que querías comer tacos de carnitas.

Cada vez que pienso en ese día que me llevaste a comer a aquella cafetería, cuyo nombre siempre recuerdo con algo de nostalgia, voy al lugar, y a pesar de que sé que ya no existe, me siento por horas a observar a la gente pasar, imaginando que estamos sentados detrás de ese cristal ya hecho añicos.

Todavía recuerdo aquellos primeros tenis rosas que me compraste. Corría de un lado al otro del pasillo, mostrándote la velocidad con la que me hacían correr.

Cuando escribí el primer ensayo del que me sentí orgullosa y decidí pararme frente a ti a leerlo y dijiste que no te gustaba. ¿Todavía lo recuerdas? Me tomó varias horas decidirme a quemar el escrito y reescribirlo sin ninguna modificación; todo a mano.

Lo hice recordando aquella primera vez que me caí de la bicicleta porque un perro se atravesó en mi camino. Me quedé en el piso llorando por horas y cuando decidí levantarme, besaste mi frente y revolviste mi cabello.

Hazlo de nuevo. Dijiste. Y me enseñaste a nunca darme por vencida.

lunes, 21 de junio de 2010

Los años pasaron como minutos


[Estamos aquí reunidos a causa de la trágica muerte de nuestro hermano: Elermitañodelacasadealado.]

***

Los perros ladran por las noches. En ocasiones cuando bajas a la cocina por un poco de agua, oyes gritos en el cuarto contiguo y de inmediato corres al lugar más seguro que hay en toda la casa…

DEBAJO DE LAS SÁBANAS TODO SIEMPRE ESTÁ BIEN.


Te saltaste la barda y el pantalón se te rasgó; hasta un vidrio te enterraste en la mano.

¿Recuerdas?

La maceta se cayó.

[…¡Shhh! ¡No hagas ruido cabrón!]

En la casa sólo habita una gata que protege a sus crías. Mejor vuelves a cerrar la puerta despacito, porque donde se ponga histérica, en el peor de los casos, hasta un ojo te saca.

Trepas los árboles apoyando el pie en una rama que está a punto de caerse.

Teteras viejas, ollas con sobras de la cena de la navidad del 94, el cuadro polvoriento y descolorido de un carrusel…

-Pero seguro que este era el cuarto de los niños.

-No, pendeja. Esta era la sala.

Los lentes del abuelo estaban colgados en el árbol.

[Cuidado con el clavo.]

***

Te bañabas a la orilla del río y los mosquitos se te pegaban todos a la piel al salir.

[El atardecer está CHINGÓN]

Nos poníamos los tenis sin calcetines y al revés, y hacíamos competencias para ver quién aguantaba más tiempo caminando en terracería, antes de que le saliera la primera ampolla.

Ninguno de los dos se quejaba en todo el camino.

Llegabas a la puerta de tu casa lleno de barro, y antes de entrar, ahí junto a las plantitas, donde creías que nadie te veía, con cuidado de no lastimarte más, te acomodabas los tenis a escondidas y entrabas con el trasero pegadito a la pared, para que tu madre no te viera hecho una mierda y encima se diera cuenta de que traías los pantalones rotos.

Derechito a la regadera y a la cama sin cenar.

***

Éramos unos mocosos-casi-licenciados cuando todo pasó.

domingo, 6 de junio de 2010

Último acto



Una excelente temporada de funciones.

Gracias a la compañía por hacer magia una vez más.

Mucha mierda a todos los que vienen, se quedan y se van.



Se para sobre el escenario, mira los ojos aterrorizados del niño que está sentado a pocos pasos de la plataforma…


¡¿Por qué no tienes miedo de mí?!


El niño no responde, sólo se le queda mirando y de inmediato mete la cabeza bajo el brazo de su madre.



La verdad es que me gusta cómo se ve la gente tan chiquita desde el escenario.



Si el acto sexual da como resultado un orgasmo,

y el orgasmo se expresa con un grito ahogado,

mismo que tiene su fin en la música, la danza, la pintura, la literatura, el cine, el teatro…

Todo se originaría justo ahí, en el sexo, en el orgasmo, en un grito ahogado


El arte es la necesidad de desahogar aquel grito.


El arte es SEXO


ORGASMO


ARTE



Repito:


Éramos tú y yo atrapados en un grito ahogado.


Éramos tú y yo jugando a hacer arte.

martes, 27 de abril de 2010

It’s seems like yesterday… No, it is like everyday…

Salgo de la casa,

detrás de mí se azota la puerta;

enciendo el auto,

la radio comienza a sonar.


Olvidé bajar el volumen,

olvidé volverte a besar.


Voy a 140 km/h sobre una avenida

en la que sólo está permitido ir a 80.

Subo el volumen del estéreo,

bajo todas las ventanillas

y enciendo el aire acondicionado.


[Debí besarte de nuevo…]



Mi voz no es suficientemente grave y fuerte.

Quizá el zumbido de un mosquito

en horas de sueño,

nunca llegue a ser tan molesto…


Como una voz ronca,

tenue,

casi cruda...

... inaudible...


Hay quien escucha, hay quien finge hacerlo.


Como un siseo,

como una estación de radio con interferencia,

como pasar cerca de un panal de mil abejas.


En ocasiones un grito no es suficiente.



Conduzco - no pienso - conduzco…


Llamo por teléfono,

no hay señal en la carretera.

Conduzco…

Pienso…

No conduzco…


Pienso y conduzco…


[No quiero pensar;

no conduzco.

Te quiero besar;

estiro la pierna,

conduzco…



…acelero.]

domingo, 18 de abril de 2010

Io sono, tu sei, lui è


En la calle llueve,

alguien le prendió fuego a la sala.


Hoy jugamos a ser John y Yoko;

él pierde la mirada en el televisor,

le beso los labios,

él besa mis pies.


Hacemos el amor hoy,

mañana,

quizá pasado…

Ayer también.

Ella se acerca temblorosa,

me pregunta si la danza es su vocación;

yo, en secreto opino que lo es.


La hago hablarme de ello,

yo sigo sin decir nada;

pasa el tiempo y…

sin darse cuenta…

ella encuentra la respuesta.



¿Qué tanto es demasiado?

Cuando dices poco,

¿Poco es nada,

o es suficiente?

Suficiente…

NUNCA demasiado.


[Todo es poco, cuando poco termina siendo suficiente sin ser demasiado.]



El libreto está completo,

los niños ya no tienen miedo;

el salvador no expió ningún pecado,

el escenario lo resucitó.


Hoy…

Uno NO se tira al suelo

buscando la ceniza todavía encendida,

para volver a encender su cigarrillo.


Hoy, YO enciendo 15 ci-ga-rri-llos,

todos al mismo tiempo.


Hoy me inclino sobre el suelo,

beso la tierra con mis labios terribles

y no grito…



Hoy...

hoy soy leproso.

martes, 23 de febrero de 2010

"Por que en ocasiones la vida pesa más de lo que debería..."


Season of change... Life feels so strange...

Era tarde y él se aferraba a mí para no desmoronarse. Sentí como si se tratase de un pequeño niño al que debía proteger de la tempestad que se avecinaba…

[Es tan frágil…]

La primera vez que nuestras miradas se cruzaron no pude evitar sentir náuseas; su mirada era penetrante y no me atreví a mirar el fuego que se consumía justo al centro de sus pupilas.

Look into my eyes... Do you see the truth?

Fue justo cuando me encontraba recostada sobre una mesa de billar, un poco más ebria de lo que cualquiera pudo esperar, que lo vi...

Listen to me now...

No dijo una sola palabra, sólo me observó con su penetrante mirada buscando encontrar la mía también.

I'm so close to you...

Fue retador y arrogante al pedirme de aquella manera que lo viera directamente a los ojos; yo estaba muy drogada. Sin embargo, justo en el momento en el que logró hacer el primer contacto visual, sentí cómo las retinas se me quemaban violentamente.

Never felt like this before...

....


Me aparté.

...


La extraña fascinación que me provocaba, me imposibilitaba incluso la remota idea de poder conciliar el sueño...

What if we aren't alone here?

Así pasaron semanas... quizá fueron meses...

There's a clone of everyone somewhere...

En el momento en el que sentí mis retinas quemarse supe que se trataba de un guerrero. De esos que ya no se encuentran en la calle caminando. Aparentemente me había resultado fácil creer que era frágil, pequeño y hasta mundano. Una vez más me había equivocado.

It is so easy to fall without a sound...

Aquel día de sol en el que se aferraba a mí llorando y pataleando, supe que también era humano. Supe que a pesar de ser un pequeño guerrero, la clave estaba en que seguía siendo pequeño.

Time waits for no one...

Nunca sentí mis brazos tan débiles como en aquella ocasión. Todo pasó como si el mundo entero se estuviera desmoronando y por pocos minutos que parecieron eternos, sólo quedamos él y yo, ahí... ambos aferrados al dolor que él sentía.

Segundos antes, le había entregado aquella pequeña Biblia que le había prometido, con una pequeña frase escrita en la página principal a manera de dedicatoria; misma que en alguna ocasión había utilizado para explicarle una situación poco complicada y sin importancia:

"Por que en ocasiones la vida pesa más de lo que debería..."

¿Cómo iba yo a saber que justo en ese preciso momento, la vida le pesaba aún más que “en las ocasiones que pesa ya demasiado”?

...

Mis brazos no son grandes.

The rode is free...

Son débiles la mayor parte del tiempo.

With every step I'm closer...

Mas, a pesar de ello, el juramento que hice sobre la página principal de la Biblia, seguirá sin romperse por el resto de nuestras vidas...

Mi pequeño guerrero... tenlo por seguro...

I'm coming home...

miércoles, 10 de febrero de 2010

Sobredósis



Hoy el día está gris…

Darías cualquier cosa por quedarte todo el día bajo las sábanas, pero sabes que no puedes hacerlo… Te quitas de encima una por una de las cobijas, hace frío… Tomas el reloj despertador en tus manos para callarlo de una vez por todas y lo vuelves a dejar en su lugar. Junto a el, está el pequeño frasco de pastillas a las que ya has creado una dependencia bastante importante…

Te incorporas, tomas el vaso con poca agua que dejaste anoche sobre la mesita y coges el frasco con la otra mano… lo observas detenidamente y miras las indicaciones apenas legibles de la etiqueta que intentaste arrancar la última vez…

Te tomas una…

Miras el frasco sin fondo lleno de aquellas malditas píldoras… ¿Cuánto tiempo llevas tomándolas?

[Cuatro o cinco meses, tal vez...]

Intentas leer de nuevo la etiqueta gastada del frasco y es cuando notas que no tiene una fecha de caducidad…

El dolor no tiene fecha de caducidad…

¿Qué pasaría si te tomaras una más? ¿Se acaban más rápido?

Coges otra píldora del frasco y la pones en tu boca todavía pensando si es prudente tomar dos en un día… ya no hay agua en el vaso, pero aun así la tragas con esfuerzo…

Duele un poco…

¿Qué pasaría si tomas unas cuantas más? ¿Dolerá más?

Vacías sobre tu mano casi la mitad del frasco y metes todo el puñado a tu boca…

Tragas…



Efectivamente duele más…

Ahora haces una reflexión y es cuando decides acabar con tu dolor:

Hace cuatro o cinco meses que eres dependiente de tu propio frasco de sufrimiento, tomas una al día por que no quieres dejar de sentirlo, dices que quieres, pero en realidad te sujetas a algo que ya no existe y la única conexión que tienes con eso es el maldito frasco…

Te quejas y dices que quieres parar de hacerlo, que quieres quitarte esa astilla que tienes atorada muy dentro en el pecho, pero no tienes el valor de acabar con ello…

Después de varias horas de estar sentado en la cama en la misma posición que adoptaste después de tragar todas esas pastillas, es cuando decides que es el momento de acabar con todo…

Miras el frasco una vez más y vacías directamente de éste todas las pastillas en tu boca… Corres al baño y llenas el vaso con agua de la llave para ayudarte a tragar.

Bebes,... tragas… Bebes un poco más y sientes que te ahogas con tus lágrimas…

El frasco está vacío ahora…

No te sientes bien… sin embargo el hecho de saber que tuviste el valor de hacerlo te enorgullece… Sabes que el efecto de las pastillas esta vez tardará más tiempo en pasar, pero en cuanto pase ya no quedarán más en el frasco y tu motivo para seguir sufriendo poco a poco se desvanecerá…

Te recuestas en la cama de nuevo y decides que como hoy el día es gris, quizá valga la pena quedarse bajo las cobijas todo el día…