Y es que todo el mundo mata lo que ama. El cobarde con un beso, el valiente con una espada.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Me acordaba de cuando reías por horas y yo no sabía si reír o enojarme

Escribes, hablas, gritas y callas demasiado; por eso no respondo y finjo que morí durante un par de horas. A veces, cuando puedo lo hago durante días, semanas o meses.

Si me alcanzara la vida, moriría por décadas, hasta que te olvidaras de que existí.

A veces creo que te has ganado a pulso esa soledad que tanto te molesta cargar. Sé que tarde o temprano, pasará lo mismo conmigo también, pero estoy segura de que nunca habrá nadie en el mundo a quien le moleste más ese peso que a ti.

Me hace sentir tan satisfecha.

Después de que te has cansado de ignorarte a ti misma, levantas el teléfono, marcas un número, esperas a que suene dos veces y cuelgas. Lo haces ocho veces antes de irte a dormir y ocho al despertar.

Eres tan predecible; tú, las llamadas, lo que piensas, lo que dices, hasta lo que ocurre a tu alrededor.

Sabes que nadie regresará la llamada.

….

Que no me entiendes.

Que nada en mí tiene sentido, ni siquiera la manera en la que respiro.

[Perdiste el toque]

Me he negado a escribirte, no lo esperes.

Ve televisión, es más ético.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Nadie conoce el olor de su propia muerte



Otra vez hay sangre en el colchón.

Fuiste la última persona que la vio con vida. Tú y los focos de luz blanca en el techo que tanto laceraron sus retinas.

Se te empañaron los lentes por las lágrimas y no pudiste leer el diagnóstico que la llevó a la tumba.

Todos dejamos de respirar durante un minuto y perdiste la razón. La recostaron sobre una cama de acero, la taparon con una sábana blanca, no sin antes exhibir su cuerpo ante mil estudiantes de medicina.

“La muerte en casa es llorar antes del desayuno.”

Una desconocida con la muerte tatuada en el rostro se acerca, me toma la mano, me extiende un pañuelo, y mientras yo suplico que no siga, me dice que todo va a estar bien.

Le escupo a la cara.

[Haz que pare.]

Odio el sabor de mi sangre.

Hay barniz de uñas derramado sobre la alfombra de la habitación. Los focos de luz blanca me irritan los ojos.

Me metieron a dios a punta de chingadazos, y ahora dios no pasa ni con un trago de vodka.

Me recuestan sobre una cama de acero, me tapan con una sábana blanca, no sin ates exhibir mi cuerpo ante, por lo menos, una estudiante de medicina.

Mi piel se quema y parte de mi se vuelve ceniza… Una cicatriz blanca que arde y llora a cada paso.

...

La antesala del infierno huele a cadáveres quemados.

domingo, 7 de noviembre de 2010

No body knows the way it's gonna be


¿Recuerdas ese día en el que decidiste derribar las paredes para dejar que el agua corriera mejor?



El techo se derrumbó y pudiste ver las estrellas.

domingo, 31 de octubre de 2010

Las respuestas no están hechas, hay cosas que uno se tiene que ir inventando


Ayer el suelo se desmoronó bajo mis pies y yo me sujeté con fuerza a las paredes. Noté, cuando era demasiado tarde, que éstas eran de papel, al igual que el cielo y todo lo que me rodeaba.

Estabas ahí, prado frente a mí, viendo todo desprenderse de la nada. Intenté sujetarme a tus pies y cuando todo hubo acabado, me di cuenta de que, a diferencia de todo lo demás, estabas hecho de un papel mucho más frágil que el de la pared que se había quedado bajo mis uñas.


Tus pies se hicieron polvo entre mis dedos.

sábado, 23 de octubre de 2010

En ocasiones le gusta imaginar situaciones que sabe que nunca se presentarán


El gigante derriba las paredes del castillo hasta llegar a la torre de la princesa. Él extiende su enorme mano para ayudarla a levantarse; ella nota que él no es un ogro y que tampoco le ha llevado flores.

Se recuesta de nuevo y decide dormir otros 200 años.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Imaginé lo triste que estaría ella a un minuto de su muerte


Perdió más de cinco kilos en una semana después de la noticia, se salió de sus clases de ballet.

No asistió a la escuela nunca más y no salía de su casa más que para ir al panteón a dejar gardenias en su tumba todos los días a las cinco de la tarde.

Dejó de ir a fiestas, reuniones y comidas familiares, de tomar café con sus amigas todos los jueves a medio día.

Su cabello creció hasta que comenzó a caérsele. Se comió las uñas hasta que sólo le quedó la carne de los dedos.

Dejó de alimentar a los peces. Murieron uno por uno, y un atole verde se formó en la pecera.

Un día se levantó y notó que el sol se colaba por la pequeña ventana sin cortina, de la habitación. Recordó que él llevaba años muerto.

Sus amigos habían acabado cada uno de estudiar la universidad, trabajaban y muchos de ellos ya hasta tenían hijos.

Su madre y su padre llevaban años internados en un asilo. Ella aún usaba la misma ropa que llevaba cuando recibió la llamada a las tres de la mañana.

Se había convertido en un esqueleto sin uñas, de cabellos largos y escasos.

Ese día, todo se congeló en el tiempo. El agua dejó de correr en las alcantarillas y las ratas se ahogaron.

Recordó lo feliz que había sido a su lado, dejó de respirar, y estalló la tercera guerra mundial.

miércoles, 13 de octubre de 2010

¿Cuántos años tiene el mundo?


...y me oí preguntarlo mil veces, hasta que me quedé dormida sobre lo que sabía, no era tu cadáver...