
Imaginé mi silencio.
Me imaginé imaginando que morías porque sólo así es más cómodo pensar en mi silencio.
Tu muerte es el mejor pretexto que he encontrado para escucharme respirar.



El techo se te cae encima y yo observo desde lejos.
No hay nada que yo pueda hacer.
Te escucho,
lloras,
te limpias la nariz con la blusa.
...
Recuerdos que fueron enterrados un millón de años atrás.
Recuerdos que son ceniza en el tiempo de un mundo en el que ya nada existe,
de algo que nunca hablamos
de todo lo que no dijimos.
Recuerdos de cosas que no queríamos recordar
que llevamos tatuados en la piel
en las plantas de los pies.
Se te hincharon los ojos,
te recostaste durante días sólo a mirar el techo de esa habitación.
Y Sigues sin saber qué fue lo que pasó
aquella noche de gritos
y trailers bajando a toda velocidad.
Escribes, hablas, gritas y callas demasiado; por eso no respondo y finjo que morí durante un par de horas. A veces, cuando puedo lo hago durante días, semanas o meses.
Si me alcanzara la vida, moriría por décadas, hasta que te olvidaras de que existí.
A veces creo que te has ganado a pulso esa soledad que tanto te molesta cargar. Sé que tarde o temprano, pasará lo mismo conmigo también, pero estoy segura de que nunca habrá nadie en el mundo a quien le moleste más ese peso que a ti.
Me hace sentir tan satisfecha.
…
Después de que te has cansado de ignorarte a ti misma, levantas el teléfono, marcas un número, esperas a que suene dos veces y cuelgas. Lo haces ocho veces antes de irte a dormir y ocho al despertar.
Eres tan predecible; tú, las llamadas, lo que piensas, lo que dices, hasta lo que ocurre a tu alrededor.
Sabes que nadie regresará la llamada.
….
Que no me entiendes.
Que nada en mí tiene sentido, ni siquiera la manera en la que respiro.
[Perdiste el toque]
Me he negado a escribirte, no lo esperes.
Ve televisión, es más ético.

Otra vez hay sangre en el colchón.
Fuiste la última persona que la vio con vida. Tú y los focos de luz blanca en el techo que tanto laceraron sus retinas.
Se te empañaron los lentes por las lágrimas y no pudiste leer el diagnóstico que la llevó a la tumba.
Todos dejamos de respirar durante un minuto y perdiste la razón. La recostaron sobre una cama de acero, la taparon con una sábana blanca, no sin antes exhibir su cuerpo ante mil estudiantes de medicina.
“La muerte en casa es llorar antes del desayuno.”
…
Una desconocida con la muerte tatuada en el rostro se acerca, me toma la mano, me extiende un pañuelo, y mientras yo suplico que no siga, me dice que todo va a estar bien.
Le escupo a la cara.
[Haz que pare.]
Odio el sabor de mi sangre.
…
Hay barniz de uñas derramado sobre la alfombra de la habitación. Los focos de luz blanca me irritan los ojos.
Me metieron a dios a punta de chingadazos, y ahora dios no pasa ni con un trago de vodka.
Me recuestan sobre una cama de acero, me tapan con una sábana blanca, no sin ates exhibir mi cuerpo ante, por lo menos, una estudiante de medicina.
Mi piel se quema y parte de mi se vuelve ceniza… Una cicatriz blanca que arde y llora a cada paso.
...
La antesala del infierno huele a cadáveres quemados.