Y es que todo el mundo mata lo que ama. El cobarde con un beso, el valiente con una espada.

viernes, 13 de mayo de 2011

ωργια




sueño con mujeres


mujeres que son arpías


que me comen los ojos



las sueño porque son diosas


y demonios


con ojos verdes,


enormísimos.


bailan


cantan


beben


ORGÍAS


bacanales de arpías



arpías que comen ojos


ojos que no son verdes,


enormísimos.



que no son de diosas



ni de demonios

jueves, 21 de abril de 2011

Meaning is not in things, but in between them



Imaginé que morías y pensé en mí, en todos, pero sobre todo en mí.

Imaginé mi silencio.

Me imaginé imaginando que morías porque sólo así es más cómodo pensar en mi silencio.

Tu muerte es el mejor pretexto que he encontrado para escucharme respirar.


Imaginé que gritaba...


te veía

te lloraba

todo en silencio.

viernes, 25 de marzo de 2011

Missing



Se levanta a la 1, 2, 3 de la mañana a revisar si el gato ha regresado a casa. Para las 4 de la mañana el cuerpo le pesa demasiado y ya no se levanta a mirar por la ventana. Ya que por fin ha sonado el despertador y son las 5, prende todas las luces, sale a la calle con alimento para gato en la mano, esperando que aparezca.

Nada.

Se pregunta si tal vez debió revisar también a las 4 y se culpa por no haberlo hecho.

Debió pasar la noche sentada junto a la puerta.

Sabe que ya se le ha hecho muy tarde. Toma un baño muy largo, se depila las piernas, se recuesta en la tina, cierra los ojos y se pregunta por qué los gatos siempre desaparecen de un día para otro.

Sale de la tina y mientras se viste se pregunta por qué si su gato, en 7 años que ha vivido con ella, nunca ha tardado tanto tiempo en regresar a casa, ahora ha amanecido y no hay un solo rastro de él.

Se imagina a sí misma encontrando alimento para gato envenenado en la azotea, imagina que golpea la puerta de sus vecinos con fuerza, y los obliga a comer el veneno.

Llora frente al espejo.

Dan las 6 de la mañana y ella saldrá todavía más tarde de casa.

Piensa que si sale unos minutos más tarde quizá aparezca. Son las 6.15, 6.30, 6.45 y sigue parada en la entrada apretando las Whiskas que se deshacen en sus manos. Ahora tiene 15 minutos para cruzar toda la ciudad y llegar a su destino.

No lo logrará, y mientras conduce se plantea la posibilidad de que alguien le pregunte por qué ha llegado tan tarde; dirá que pasó toda la noche sentada junto a la puerta esperando a que su gato regresara a casa.

No confesará que en realidad durmió de 3 a 5 de la mañana y que quizá pasó algo por alto.

No ha sido su culpa.

O quizá sí.

Sólo quiere que regrese.

martes, 8 de febrero de 2011

Recordé que sólo existe una persona en este mundo a la que sería capaz de matar





El techo se te cae encima y yo observo desde lejos.

No hay nada que yo pueda hacer.

Te escucho,

lloras,

te limpias la nariz con la blusa.

...

Recuerdos que fueron enterrados un millón de años atrás.

Recuerdos que son ceniza en el tiempo de un mundo en el que ya nada existe,

de algo que nunca hablamos

de todo lo que no dijimos.


Recuerdos de cosas que no queríamos recordar

que llevamos tatuados en la piel

en las plantas de los pies.

...

Se te hincharon los ojos,

te recostaste durante días sólo a mirar el techo de esa habitación.

Y Sigues sin saber qué fue lo que pasó

aquella noche de gritos

y trailers bajando a toda velocidad.

viernes, 7 de enero de 2011

Is there something else?


Hallar la llave,

abrir la puerta,

encontrar lo que buscabas…

...y no…

viernes, 10 de diciembre de 2010

Me acordaba de cuando reías por horas y yo no sabía si reír o enojarme

Escribes, hablas, gritas y callas demasiado; por eso no respondo y finjo que morí durante un par de horas. A veces, cuando puedo lo hago durante días, semanas o meses.

Si me alcanzara la vida, moriría por décadas, hasta que te olvidaras de que existí.

A veces creo que te has ganado a pulso esa soledad que tanto te molesta cargar. Sé que tarde o temprano, pasará lo mismo conmigo también, pero estoy segura de que nunca habrá nadie en el mundo a quien le moleste más ese peso que a ti.

Me hace sentir tan satisfecha.

Después de que te has cansado de ignorarte a ti misma, levantas el teléfono, marcas un número, esperas a que suene dos veces y cuelgas. Lo haces ocho veces antes de irte a dormir y ocho al despertar.

Eres tan predecible; tú, las llamadas, lo que piensas, lo que dices, hasta lo que ocurre a tu alrededor.

Sabes que nadie regresará la llamada.

….

Que no me entiendes.

Que nada en mí tiene sentido, ni siquiera la manera en la que respiro.

[Perdiste el toque]

Me he negado a escribirte, no lo esperes.

Ve televisión, es más ético.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Nadie conoce el olor de su propia muerte



Otra vez hay sangre en el colchón.

Fuiste la última persona que la vio con vida. Tú y los focos de luz blanca en el techo que tanto laceraron sus retinas.

Se te empañaron los lentes por las lágrimas y no pudiste leer el diagnóstico que la llevó a la tumba.

Todos dejamos de respirar durante un minuto y perdiste la razón. La recostaron sobre una cama de acero, la taparon con una sábana blanca, no sin antes exhibir su cuerpo ante mil estudiantes de medicina.

“La muerte en casa es llorar antes del desayuno.”

Una desconocida con la muerte tatuada en el rostro se acerca, me toma la mano, me extiende un pañuelo, y mientras yo suplico que no siga, me dice que todo va a estar bien.

Le escupo a la cara.

[Haz que pare.]

Odio el sabor de mi sangre.

Hay barniz de uñas derramado sobre la alfombra de la habitación. Los focos de luz blanca me irritan los ojos.

Me metieron a dios a punta de chingadazos, y ahora dios no pasa ni con un trago de vodka.

Me recuestan sobre una cama de acero, me tapan con una sábana blanca, no sin ates exhibir mi cuerpo ante, por lo menos, una estudiante de medicina.

Mi piel se quema y parte de mi se vuelve ceniza… Una cicatriz blanca que arde y llora a cada paso.

...

La antesala del infierno huele a cadáveres quemados.